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Uno de los deseos fallidos de los alemanes durante las batallas de la Segunda Guerra Mundial fue la conquista de la capital de Inglaterra, Londres. Casi 70 años después los germánicos consiguieron su objetivo, Bayern Múnich y Borussia Dortmund se adueñaron del corazón de Inglaterra, en especial de la catedral del fútbol mundial, el estadio de Wembley.

La Champions League de 2013 fue el marco de aquella batalla en Gran Bretaña. El München partía favorito pues había goleado al Barcelona de Messi con un marcador global de 7-0, mientras los amarillos vencieron al Real Madrid 4-3 y contaban con el tridente sensación de la temporada: Marco Reus, Mario Götze y Robert Lewandoski. Se enfrentaban en la primer final alemana de la historia europea.

El himno de la Champions hizo emocionarse a la tribuna, al igual que los actores principales de la obra. El primer tiempo fue un intercambio de ataques continuos, Borussia intentaba y se encontraba con la muralla de Neuer, los bávaros disparaban y Roman Weinderfeller detenía- incluso con el rostro-, ningún equipo quería perder la amada orejona. La primera mitad finalizó sin goles

Para el segundo tiempo la situación cambió, el Bayern Múnich salió inspirado al complemento y encontró la anotación mediante el croata Mario Mandzukic; sin embargo una patada de cárcel dentro del área de Dante ponía emoción al final del partido, Gündogan aprovechó la pena máxima. Todo parecía indicar que habría alargue hasta que apareció el jugador del encuentro, Arjen Robben, y con un ligero toque envío el balón a la portería dos minutos antes de los 90.

El Bayern Múnich alcanzaba la gloria europea, se adjudicaba su quinta orejona en su historia; además el entonces técnico Jupp Heynckes se retiraba en lo más alto del fútbol mundial (con dos Champions en su colección). Lo que no pudieron hacer armas, tanques y soldados en la guerra, lo consiguió la magia y el amor del balón 70 años después, los germánicos deleitaron a toda Europa.

Resumen de la final de Wembley