Este miércoles Chelsea y Arsenal se verán las caras en la final de la Europa League. El clásico londinense se transportará al Estadio Olímpico de Bakú, en la capital de Azerbaiyán, para encontrar al próximo campeón del segundo torneo más importante del viejo continente a nivel de clubes.

La ciudad de Bakú, situada a las orillas del mar Caspio, es una de las urbes con mayor expansión de los últimos años. El crecimiento acelerado de la llamada ‘Ciudad del Viento’, la ha llevado a ser sede de esta final europea y a ser una de las anfitrionas para la Euro 2020.

La capital azerí fusiona a la antigua y medieval urbe con la moderna y vanguardista metrópoli. Tan rodeada por viejas murallas y palacios reales, como envuelta entre novedosos e iluminados rascacielos y centros comerciales.  

Así como la ucraniana Kiev albergó la final de Champions League en 2018, hoy Bakú formará parte de la política de integración adoptada por la UEFA en conjunto con FIFA. Una iniciativa que busca llevar el mejor futbol del mundo más allá de las clásicas ciudades europeas, para alejar paulatinamente los reflectores, ya de la imperial Londres con legendarios estadios, ya de la clásica Roma y su Olímpico, ya de la artística París y su Parc des Princes.  

El Olímpico de Bakú fue inaugurado en 2015 y cuenta con una capacidad aproximada para 70 mil aficionados. A diferencia de las imponentes obras arquitectónicas que se abren paso en el futbol moderno –estadios que no parecen estadios y que buscan adecuarse a necesidades ajenas al deporte- el coloso azerí conserva la clásica figura circular y cuenta con una pista de atletismo debido a que la ciudad busca, también, ser anfitriona de Juegos Olímpicos en el futuro.

Chelsea y Arsenal ya han probado la cancha de este recinto. En 2017 los ‘Blues’ visitaron al Qarabag en la fase de grupos de la propia Europa League, por su parte los ‘Gunners’ hicieron lo mismo en la presente temporada.

La polémica ya rodea a Bakú aún antes del pitazo inicial. Con el pase del Arsenal a la final, el delantero armenio Henrikh Mikhitaryan, decidió no participar del partido por el título debido a la tensión política que hay entre su país y Azerbaiyán. Ya meses atrás, el mismo jugador había sido privado de visitar esta ciudad cuando su equipo enfrentaba al Qarabag.

Desde la disolución de la URSS, comenzó una lucha por territorio que quedaba sin dueño tras la caída soviética. Automáticamente Armenia y Azerbaiyán, países vecinos, se convirtieron en antagonistas y así lo han sido por casi tres décadas en las que el territorio de Nagorno-Karabaj, que no pertenece a nadie, se disputa entre ambas naciones del Cáucaso.

Entre tensión política y rivalidad deportiva, Bakú está listo para albergar la primera de dos finales inglesas de esta semana. La costa del Mar Caspio verá a un nuevo campeón de la Europa League. Tan necesitado el Chelsea como el Arsenal de volver al protagonismo en el viejo continente.

Anuncios