La Selección Mexicana vive un momento de crisis en todos sus rubros. La gran contratación de Gerardo Martino para liderar el barco mayor se ve contrastada con los marineros que lo abordan; aquellos que por caprichos, problemas o situaciones familiares o simple rebeldía, deciden no venir a jugar con el equipo tricolor. 

Esto resulta raro y hasta absurdo para el estratega argentino. Proveniente de un país donde el futbol vale más que la propia imagen, para el ‘Tata‘ es inexplicable que alguien se niegue a vestir la camiseta de su patria, pue ya lo dijo al llegar “venir con la selección debe ser un privilegio, un premio”. 

Parece que el hombre incómodo con experiencia en selecciones como la paraguaya, la propio o el Futbol Club Barcelona, no está dispuesto a ser parte del negocio que retorna en las arcas de la Femexfut y se quiere dedicar cien por ciento a cancha; tanto así que la misma vestimenta de Gerardo propone que su aula de estudio será el banquillo y no los fatídicos, preferenciales y solapadores estudios de televisión de las compañías que manejan el balompié nacional. 

La idea está clara, jugarán los que deban hacerlo, los que estén en mejor momento y quienes tengan hambre de estar. México no es un país que históricamente presuma contar con una selección de élite, cosa verdaderamente absurda al pensar que de 125 millones de nativos, no existen 23 hombres y 23 mujeres que puedan competir al máximo nivel de forma destacada. Los compadrazgos, las malas decisiones administrativas y la falta de prioridad al futbolista mexicano tienen sumergido el barco que hoy comanda Martino, pero parece que la misma tripulación grita por ahogarse y no por salir avantes. 

Por otro lado está el fracaso de la selección sub 20 en Polonia. Con Diego Ramírez como técnico e hijo del ya lejano campeón del mundo sub 17 en Lima, en 2005, Jesús Ramírez, la escuadra juvenil se vio superada en todos los aspectos; una defensa endeble, un mediocampo sin transición, salidas pausadas y poca movilidad a la ofensiva. El máximo responsable de encontrar un equipo sin corazón, sin estructura y al que todos le pasaron por encima es precisamente un hombre que no tenía las credenciales para el puesto, donde había mejores opciones como el exitoso Raúl ‘Potro’ Gutiérrez o muchos más que saben trabajar con límite de edad. 

Al futbolista novato hay que entregarle las herramientas para crecer, para no truncar su carrera y para funcionar cuando de la mayor se trate. Es triste, pero estoy seguro que más del 50% de los futbolistas que viajaron a Polonia se perderán en el camino porque los fracasos se enciman en los hombros de jóvenes y no de las cabezas, por eso la pregunta, ¿por qué hoy siguen Guillermo Cantú y Gerardo Torrado como si nada en sus puestos?

No pasará gran cosa. La maldición del equipo nacional es haberse vestido de verde y fomentar que los directivos confundan ese tono con el de los provechosos dólares para pensar que la materia futbolística queda de lado mientras la cuenta siga generando números. La marca de la Selección Mexicana seguirá proyectándose a nivel mundial sin ningún problema, después de todo, el aficionado es el consumidor más fiel y de ilusiones que se renuevan constantemente se vive. El fracaso está estructurado y la planificación hecha para convencer de que ya casi es nuestro momento. 

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