El torneo binacional se jacta de elevar la competitividad, pero la realidad es que a unos no les importa y a otros sólo les aporta dinero.

Veía en televisión la llamada Leagues Cup y me preguntaba cuánto ha evolucionado el futbol en materia de negocio. La respuesta no fue difícil, exprimir las bolsas de los aficionados latinoamericanos en Estados Unidos puede pintar una cara de éxito en las arcas de la Liga MX y la MLS, sin embargo, el principal fundamento del certamen o de lo que se jactaban en la previa organización, era de hacer crecer el rendimiento de ambas ligas en la cancha. Todos sabíamos que era una mentira.

Foto: Especial

De entrada los clubes de la Liga MX no ganan absolutamente nada en la cancha. El valor de este título no existe y está dotado por una administración, no por la legitimidad de la sociedad y afición futbolera. Los horarios no son óptimos para un torneo de área, la exclusión de Centroamérica es lamentable y el desgaste de viajar cada semana a Estados Unidos para jugar un partido contra los suplentes de la MLS, no tiene ningún sentido. Sumar un trofeo a las vitrinas para Cruz Azul y Tigres no sirve, no en este caso.

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La otra cara de la moneda tiene que ver con el provecho que los clubes vecinos debían que haber sacado de enfrentar a México. En teoría, su nivel es menor al nacional y enfrentar a clubes de una de las mejores ligas del continente podría significar lo que en su momento valió la Copa Libertadores. A ése nivel.

Fracasar es tener sólo a Los Ángeles Galaxy en semifinales. Una vez más, los cuadros mexicanos les pasaron por encima y, de la misma forma, demostraron que no les interesa crecer como deporte, sino como negocio.

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El América vs Tigres en Houston abarrotó el estadio. 22,000 espectadores llegaron a ver un duelo que también se vivirá el sábado en Nuevo León, en un torneo más serio y con una organización e interés pleno.

Los precios van desde los 350 pesos hasta los 1900. No cabe duda el futbol mexicano seguirá por la vía sin luz, por el camino del negocio que representa el modelo deportivo de Estados Unidos, primero sin ascenso, ahora sin importancia del nivel de juego, pero lucrando y aprovechándose de esa afición que tanto critican allá arriba: los migrantes.

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