Hace unos meses escribía sobre el renovado Real Madrid, ese que en una semana rompió el mercado veraniego con la adquisición del belga Eden Hazard y el serbio Luka Jovic. Aquella ocasión auguraba un buen futuro para el club merengue, de la mano de Zidane y con los nuevos fichajes. Pero el futbol se encargó, con la campaña 2019-20 muy fresca aún, de mostrar que la parábola de los merengues sigue con la inercia hacia abajo.  

La aplastante derrota del Real Madrid a manos del PSG en la primera jornada de Champions, deja entrever a un club que sigue en crisis y que necesitará de mucho tiempo para volver a ser aquel equipo imperial que dominó Europa durante un lustro.

Es cierto que la temporada aún es joven y nadie es campeón en septiembre, pero el titubeante inicio de campaña, con un plantel tan basto, deja más dudas que certezas en un equipo que está obligado a ganar, al menos como lo priorizó el propio Zidane, la Liga.

Poco más de un año después de la partida de Cristiano Ronaldo, la última leyenda blanca, el Madrid muestra síntomas similares a los de una persona a la cual se le ha amputado una extremidad y, ya sin tenerla, aún la siente negándose a vivir sin ella.

El Madrid trajo a Hazard y a Jovic para intentar suplir la cuota goleadora de Cristiano Ronaldo. Un mes después de que inició la campaña, ni el belga ni el serbio han figurado entre los anotadores merengues. El caso de Eden puede justificarse por la lesión que le impidió comenzar la campaña, pero el ex Frankfurt deja sensaciones de que a los blancos les vendieron gato por liebre.

Por otro lado están las innecesarias novelas que protagonizaron Gareth Bale y James Rodríguez durante el mismo verano, siendo los “mal queridos” de ‘Zizou’ y durante muchas semanas con un pie fuera del Real Madrid. Eso pudo generar rupturas en un vestidor que necesita, hoy más que nunca, estar unido por el bien común para llevar el barco a buen puerto.

Y por si necesitaban más drama en la historia, la repentina salida de Keylor Navas para dejar la titularidad indiscutible a Courtois. Si la Champions League se quedó durante tres años seguidos en las vitrinas del Santiago Bernabéu, fue gracias a la muralla que colocó el costarricense, el Madrid le pagó dejándolo ir por la puerta de atrás.

La reestructuración del Real Madrid sigue su curso, necesitará la mente maestra de Zidane y el protagonismo de todas sus piezas, ya en las recién embonadas como en las que ya estaban en el tablero. Tomará tiempo ver al club imperial de años pasados, pero en esta institución cuando se habla de paciencia, las manecillas del reloj corren más rápido.

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