Han sido seis semanas de espectacular fútbol americano en la temporada 100 de la NFL. Hay equipos invictos, contendientes y franquicias que se ilusionan con un lugar en la postemporada. Los Vaqueros de Dallas son, según Forbes, la franquicia deportiva más valiosa por cuarto año consecutivo con un valor estimado de 5 mil millones de dólares, pero su valor no va de la mano con el rendimiento en el emparrillado.

Esta exorbitante cantidad contrasta con los resultados deportivos que han obtenido en los últimos años, el último Super Tazón y campeonato de la conferencia nacional en 1996. Esta temporada no es la excepción, tres derrotas consecutivas ante contendientes de la conferencia nacional como lo son Green Bay o Saints, sin duda que la más dolorosa fue la del domingo pasado ante los Jets de Nueva York, quinto peor equipo en el 2018.

A pesar del inicio prometedor de los Vaqueros de Dallas, con tres victorias con un promedio de 32.3 puntos por juego, la temporada hasta ahorita es un reflejo del palacio de cristal, y no el de su estadio que costó 1,300 millones de dólares, sino en la burbuja en la que vive su dueño Jerry Jones, el head coach Jason Garrett y algunos jugadores mediáticos como Prescott, Elliott.

El mariscal de campo de Cowboys es el tercer quarterback con más yardas en lo que va de la temporada, Prescott ha demostrado ser un jugador con dos caras. La semana pasada fue efectivo sólo en dos de ocho terceras oportunidades, el domingo ante los Jets completó 10 de 17 intentos, en ambos juegos perdieron.

Dak está en el top 3 en el rating de quarterback (QBR), el cual evalúa pases lanzados y completados, pases de anotación, intercepciones entre otras cosas. Durante las primeras tres victorias de Dallas, Prescott obtuvo nueves de anotación por dos intercepciones con un QBR 124.4 puntos. En las últimas tres semanas apenas 82.1 puntos.

Para muchos, el mariscal de campo es el menos culpable del rendimiento del equipo, sus números lo avalan o lo ponen en evidencia. Pero estos números no pueden ser tan contrastantes si Dak quiere ganar o ser algo importante en un equipo tan grande como lo es Dallas.

Ezekiel Elliott es otro señalado en el club de la estrella solitaria. El corredor estrella firmó, antes del inicio de temporada, un contrato que lo vincula al club por seis temporadas y 90 millones de dólares, 50 de ellos garantizados. Zeke es el sexto mejor corredor de la liga.

Con casi 500 yardas corridas en seis partidos, muestra ser un jugador que en momentos complicados no aparece. Ante Packers y Saints no rebasó las 100 yardas combinadas. A pesar de tener cinco anotaciones, el ex jugador de Ohio State apenas tiene un acarreo de más de 20 yardas, para lo que cobra mínimo debería tener 2 de esos cada semana.

La realidad es que con Dallas, en un división tan mediana, la solución está en sus manos. Eagles tiene el mismo récord que Cowboys y la próxima semana se enfrentan por el liderato de la división y, tal vez, el juego que defina quien sea el campeón del este de la nacional y obtenga su pase a postemporada.

La ofensiva de Dallas es la segunda mejor de la liga, pero su defensiva ha venido a la baja y se estanca en la novena posición. Durante los primeros tres juegos promediaban, a la defensiva, 14.6 puntos por partido. En los últimos tres permiten 23.3 puntos en promedio. Según el dueño de Dallas, con la línea ofensiva, cualquiera podría correr, pero la realidad es otra.

Las estadísticas no mienten. Dak y Elliott demuestran que cuando el equipo gana ellos lucen, pero en momentos complicados se achican y se esconden para la derrota de sus compañeros.

Jason Garrett ha demostrado perder el control del equipo, los coordinadores ofensivos y defensivos son los encargados de sacar el equipo adelante en las buenas y en las malas, Mientras Garrett recibe los halagos del jefe cuando consiguen la victoria.

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