El fútbol mexicano se encuentra en la agenda de varios medios internacionales por los eventos más recientes en la última semana. Y es que el prestigio que tanto se ha trabajado por conseguir (poco o mucho) tuvo una caída estrepitosa estos días.

Específicamente se trata de tres eventos: primero fue el jueves por la tarde, la noticia se expandió por todos lo medios, una serie de enfrentamientos entre fuerzas armadas del Estado y grupos criminales obligó a las autoridades a suspender el partido entre Dorados y Atlante de último hora. La afición estaba ya en las gradas del Estadio Banorte.

El segundo era un tema que se viene arrastrando desde hace ya varios torneo: el caso del Club Veracruz. La bomba explotó cuando Tigres anotó dos goles ante la inactividad de los jugadores escualos como protesta ante la falta de pagos. El tema recorrió varios medios internacionales de manera inmediata.

Por último, el domingo por la tarde se dio un enfrentamiento entre aficionados de San Luis y Querétaro a tal grado que el árbitro tuvo que suspender el juego antes del tiempo reglamentario. Incluso se pudo observar cuando algunas personas corretearon a jugadores que huyeron de inmediato al resguardo de los vestidores.

¿Qué tienen en común estos tres hechos?

Que el nombre de la Liga MX queda en los suelos en el medio internacional. El terror en Sinaloa, la violencia en San Luis y la vergüenza de Veracruz, echan para abajo el trabajo y la imagen que durante años el fútbol mexicano ha conseguido con tanto trabajo. El esfuerzo de quienes buscan mejorar el fútbol nacional (no me refiero a directivos) queda eclipsado con enorme facilidad ante estas situaciones. Una verdadera lástima, pero es un golpe de realidad necesario.

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