Tres días fueron suficientes para que que el futbol nacional quedara evidenciado no sólo a nivel local, sino mundial. A media semana, en Sinaloa, se desató una ola de violencia, un par de días después un equipo entero no mostró solidaridad alguna para con su gremio y profesión y, al término de la semana, cientos de “pseudos aficionados” reflejaron su estado más primitivo.

Foto: Milenio

Duele y fastidia el ver que medios internacionales expongan en primera plana cómo el deporte más popular en mi país vive una de las etapas más oscuras, invadida por la corrupción y que está lejos, pero muy lejos de escalar peldaños dentro del top de las mejores ligas del mundo. Las verdades duelen y las situaciones anteriores son claros ejemplos de.

Culiacán estuvo bajo fuego por varias horas, debido a los enfrentamientos entre el crimen organizado y la policía federal. Durante esas horas miles de civiles inocentes estuvieron expuestos e indefensos ante el hampa del estado. Esa noche se tenía programado el juego de la Liga de Ascenso entre Dorados de Sinaloa y los Potros del Atlante, sin embargo, éste fue cancelado por la obvia situación.

Sabio fue quien me dijo “El futbol es lo más importante de lo menos importante”, gran verdad en esa frase se esconde, me pregunto ¿qué civil se angustió por saber si el partido se iba a jugar o no?

A pesar de los lamentables hechos, el portero de Dorados, Gaspar Servio (argentino por cierto), decidió mofarse a través de sus redes sociales de las muertes y del estado crítico que se vivió aquella tarde. Cuando se dio cuenta de la semejante estupidez que hizo, salió a justificarse con “mi cuenta fue robada y alguien le dio mal uso”. Afortunadamente, la directiva del “Gran Pez” reaccionó y lo cesó del equipo.

No pasaron ni dos días cuando el balompié nacional dio cátedra de cómo voltear la bandera y ser completamente antipáticos. El equipo de Ricardo Ferretti goleó y peor aún, humilló y le pegó en el orgullo a los jugadores del Veracruz. Dos goles en menos de cuatro minutos y uno más tarde dejaron un mensaje claro, sí te apoyo, pero no tanto.

Excusas hay muchas, “quise que mi remate se fuera a saque de meta”, “ni los mismos jugadores de Veracruz sabían que pararían tres minutos” o “el acuerdo era ese, pararíamos todos por un minuto, no más”. El hecho es que el viernes sobre la cancha del Luis Pirata de la Fuente no se vieron a los pantalones largos, sino a 22 jugadores, 11 unidos y a 11 irrespetuosos, egoístas y soberbios.

Y si las cosas ya estaban críticas, el domingo por la noche cayó la gota que derramó el vaso; repito, “pseudos aficionados” perdieron la cabeza y protagonizaron una batalla campal en el estadio Alfonso Lastras, dejando una serie de lesionados e hiriendo aún más al futbol mexicano. Ningún fanatismo justificará jamás la pérdida de una vida humana.

Después de lo visto la semana pasada ¿qué más podemos a esperar en la Liga Mx? ¿qué sigue?

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