Oswaldo Sánchez: promesas cumplidas

Oswaldo Sánchez juntó sus palmas, se persignó y elevó su plegaria al cielo. Cuatro días antes, su padre había fallecido en Guadalajara. El guardameta del tricolor viajó a México para despedir a su maestro, a su ídolo. La vida, ingrata como es, impidió que don Felipe Sánchez viera debutar a su hijo en una Copa del Mundo, luego de dos mundiales en los que la titularidad le fue esquiva.

El 11 de junio había una cita con el destino. Aún con el dolor en el alma, Oswaldo lo sabía: “mi padre era el primero que quería que jugara”. Después de ser segundo de Jorge Campos en 1998 y de Óscar Pérez en 2002, la oportunidad de debutar en la magna justa llegó. Durante el proceso mundialista, cumplió el presagio que Marcelo Bielsa le hizo saber cuando derramó lágrimas por recibir gol en su partido de debut: “usted se va a convertir en el mejor portero de este país”.

El arquero de Irán, Mehdi Rahmati, obsequió flores a su colega en un gesto que recordó a todos que la fraternidad no entiende de rivalidades. Así, el equipo azteca se estrenó en tierras teutonas contra el conjunto persa. Al minuto 11, un cabezazo con dirección de gol exigió a Oswaldo emplearse a fondo, para salvar al cuadro azteca con un manotazo pletórico. Una atajada celestial. 16 minutos después, Guillermo Franco se desmarcó hábilmente en una jugada a balón parado, conectó el envío de Pável Pardo y permitió a Omar Bravo rematar en soledad. México lo ganaba.

Irán no cruzó los brazos: al 36′, empató el cotejo por conducto de Yahya Golmohammadi en un tiro de esquina. Durante el primer tiempo, el equipo de La Volpe tuvo problemas para circular el balón; por ello, para el complemento dio entrada a dos mediocampistas asociativos y con buen pie: Antonio Naelson ‘Sinha’ y Luis Pérez.

A quince minutos del final, México reflejó su superioridad con el tanto que encumbraba por segunda vez en la tarde a Omar Bravo. El arquero Rahmati despejó precipitadamente, su defensa perdió el balón y un afinado Sinha filtró el balón con sutileza para que de parte interna el delantero mochiteco marcara el 2-1.

El propio Antonio Naelson, brasileño naturalizado mexicano, selló el partido con un testerazo letal. De esta forma, se convirtió en el primer jugador naturalizado en marcar para el Tri en un mundial. México consiguió sus primeros tres punto en la justa alemana.

Al finalizar el partido, Oswaldo Sánchez se fundió en un abrazo eterno con Sinha. La victoria llevaba la dedicatoria más especial de su vida. Núremberg vio dos sueños cumplidos en la cancha del Frankenn-Stadion : el de Oswaldo, convertido sin asomo de duda en el mejor portero de México, y el de su padre, que deseaba como nadie verlo atajar en un campeonato del mundo.

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