El Último Baile de la España de Del Bosque

El baile es una actividad física que requiere precisión, elegancia y estilísmo. Pocos equipos en el futbol se asemejan tanto a dicha actividad como la España que dirigió Vicente Del Bosque, principalmente entre 2008 y 2014. El equipo que comandaba Iniesta, Xavi, David Villa y compañía, demostró en 6 años tener la potencia suficiente como para consagrarse campeón de dos Eurocopas (2008 y 2012) y una Copa del Mundo (2010).

Pero como en la danza, renovar a los futbolistas es primordial en el deporte de las patadas y las facturas tarde o temprano se deben pagar. Así fue para esa generación dorada, que le enseñó a la pelota que el tránsito europeo también implicaba canjear el desprecio y los balonazos griegos e italianos (campeones de Eurocopa 2004 y Copa del Mundo 2006 respectivamente), por las caricias y el delicado trato; qué otro símbolo de amor que la roja camiseta ibérica. Seis años de romance indescifrable.

Pero el jetlag de viajar a paraísos desconocidos afectaría dicha relación en 2014. El caluroso Brasil recibía de manera no muy grata a la vigente campeona mundial; con Australia, Holanda y Chile en el grupo B, el artístico equipo pelearía de manera seria un lugar en octavos de final para convencer al trofeo de que merecían levantarlo por segunda vez consecutiva.

La paradoja comenzaba en Salvador de Bahía, donde una catástrofe sucedería: la tierra de Yemayá, divinidad de la fertilidad, encontraría a un equipo español inmovil, estéril y, aunque en el primer enfrentamiento ante Holanda las cosas parecían marchar con normalidad tras el adelanto de 1-0, cortesía de Xavi Alonso, la hecatombe no tardaría en llegar. Al arte se le impresiona con arte y si de mitología se hablaba esa tarde en provincia brasileña la leyenda que quedaría grabada en el campo de la Arena Fonte Nova sería la de Robín Van Persie, quien con espectacular despegue de pista, inauguró el aterrizaje de la vigente campeona. El 1-5 final anunciaba un pronto regreso.

El rumbo no mejoraría. España y Chile se medían en uno de los máximos templos del futbol: Maracaná atestiguaba, como lo hizo en 1950, cuando Uruguay sorprendió a propios y extraños venciendo a Brasil, la caída de otro gigante. Con los andinos se acababa la esperanza, las piernas pedían parar y los gritos de la afición pedían seguir. Los encargados de sepultar la obra de Del Bosque serían Eduardo Vargas y Charles Aránguiz, quienes con dos goles, para el 0-2 definitivo, anunciaban la cancelación del espectáculo ibérico.

Bien dijo Platón que el comienzo es la parte más importante de la obra y con ello, Del Bosque institucionalizó un sello en la selección de su país, desafió límites mentales y entregó el famoso tiki-taka que mareó a más de uno. Los televisores no vieron tanto futbol constante como en la época en que gobernó la Roja.

Nadie se va de la tierra sin dejar un legado, pero la gran paradoja que explica este último baile tiene que ver con los mundos paralelos. En 2014 murió Luis Aragonés, maestro de Del Bosque, y con él también se fue la danza de España, aquella que sorprendió al público en Austria y Suiza, que conquistó al crítico en Sudáfrica, se graduó con honores en Polonia y Ucrania y apagó las luces del escenario en Brasil.

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