El último vuelvo del ÁGUILA Azteca

No existen los finales felices. Hay historias cuyo epílogo está dotado de la melancolía propia de lo que nunca volverá a ser. Cuauhtémoc Blanco Bravo lo sabe. Su última batalla al frente del pelotón azulcrema lo condenó a una derrota que, sin embargo, desbordó el orgullo y la prosapia del último gran ídolo del futbol mexicano.

La final del Apertura 2007 enfrentó a América y Pachuca. Pero más que un título, lo que alentaba a las Águilas era la inevitable partida de El Divo de Tepito. El destino del capitán americanista apuntaba al futbol de los Estados Unidos. Chicago esperaba con los brazos abiertos al hijo prodigo que creció inventando regates en las canchas del Barrio Bravo.

Pachuca llegaba como campeón de la Concacaf tras superar a Chivas en penales. Además, un semestre antes, había conquistado la máxima gloria internacional para un club mexicano, cuando venció a Colo-Colo y se hizo con la Copa Sudamericana. América, con Luis Fernando Tena al mando, eliminó al Guadalajara en semifinales, tomando revancha del torneo anterior, en el que los rojiblancos los echaron en la misma instancia para luego campeonar. En aquella final la supremacía estaba más en juego que nunca.

El partido de ida terminó con un amargo 2-1 para el América. La despedida de Cuauhtémoc de su templo se vio arruinada por un doblete de Juan Carlos Cacho. En medio de una noche lluviosa, la partida del icono americanista por excelencia no se correspondió con las grandilocuentes expectativas. Un penal cuestionable sirvió para que el 10 marcara desde los once pasos ante la figura de Miguel Calero. Así, el equipo de Coapa debería meterse a la cancha del Miguel Hidalgo para apelar a su épica de equipo grande.

El partido navegó entre la insistencia de los cremas y el peligro acechante del ataque tuzo, conformado por Christian ‘Chaco’ Giménez, Andrés Chitiva y Juan Carlos Cacho, además de Damián Álvarez como revulsivo estelar. Con el reloj en los 68 minutos del tiempo corrido, el corazón del americanismo latió con fuerza imparable. Cuauhtémoc cobró impecablemente el tiro libre. Ni la poblada barrera ni el vuelo de Calero pudieron detener el trazo mágico. A doce minutos del alargue, Cacho marcó por tercera vez en el cotejo. La final era de Pachuca. La despedida del Águila Azteca se bañaba en la más rotunda de las tristezas. El orgullo, sin embargo, se mantuvo intacto hasta en el día más trágico.

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