América humilla a un Chivas extraviado y sin espíritu

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Guadalajara cayó goleado y humillado 0-3 ante América en el Clásico Nacional.

No existe mayor envión para jugar un clásico que el orgullo. Puede haber animadversión y “n” cantidad de contrastes entre uno y otro equipo, pero el orgullo de vencer al eterno rival es el motor del hincha que le pide la victoria a su equipo, la motivación del canterano que comprende lo que representa la rivalidad. El orgullo alimenta las ganas y el esfuerzo, otro par de elementos sin los cuales resulta difícil ganar un derbi; todos elementos carentes en las Chivas.

Chivas y águilas vs. Covid

El partido más importante en el calendario futbolístico de la Liga MX comenzó tres horas antes en las inmediaciones del Akron, donde cerca de 11 mil aficionados se dieron cita para volver al estadio. La casa rojiblanca reabre sus puertas a los hinchas después de los Cuartos de Final de Ida del Guard1anes 2020, la última vez que este recinto contó con asistentes, pero esta vez con más playeras amarillas.

La afición cumplió con su parte. Presentes para apoyar a su equipo, con cubrebocas, respetando la sana distancia y cumpliendo con las normas de sanidad. Tocaba el turno para los de casa, que buscaban reencontrarse con la victoria tal como lo hicieron con Pumas, pero ni el más pesimista hubiese pensado lo que el equipo rojiblanco iba a presentar.

Difuminación rojiblanca

El entusiasmo que pudo haber mostrado Guadalajara se acabó luego del minuto 2, cuando tuvieron una de sus mejores oportunidades en el juego. Jesús Angulo combinó con Uriel Antuna y el ‘Canelo’ quedó de cara al marco para fusilar a Ochoa, pero su remate se fue por un costado del poste. Este fue uno de los tres o cuatro momentos de lucidez para los de casa, que se convirtieron en espectadores de un partido pintado azulcrema.

Del entusiasmo y el orgullo en aquel arribo de Angulo, Chivas ‘desapareció’ del terreno de juego. Apenas generó una jugada más y sus delanteros quedaron sin parque. Guadalajara no sólo dejó de tener profundidad, sino también intensidad. Por cada jugador rojiblanco con la pelota, aparecían dos azulcremas para recuperar. Las Águilas jugaban a una mayor velocidad, en otra revolución.

Henry ‘Killer’ Martín

El Rebaño estaba perdido, pero no herido. El entretiempo estaba a tiro de piedra cuando apareció Henry Martín con un testarazo que tomó a medio camino al arquero rojiblanco. Al 45′, América ya estaba al frente con un gol que castigó uno de los grandes males de los equipos del ‘Rey Midas’, las jugadas a balón parado.

Para la segunda mitad, Víctor Manuel Vucetich busco modificar el accionar de su equipo con el ingreso de Ángel Zaldívar y Miguel Ponce. Ángel se quedó a centímetros de colocar el gol del empate, pero Ponce volvió muy pronto a los vestidores luego de ser expulsado por un contacto con los tachones sobre la espinilla de Leo Suárez.

Guadalajara no aprendió la lección del primer gol y, aunado con el desconcierto, ‘observó’ como América colocó dos testarazos desde el banderín de córner y consiguió el 0-2 por cortesía de Henry Martín.

Humillación rojiblanca

Con un hombre menos, dos goles en contra, y ya con Macías sustituido, Guadalajara terminó por sellar una noche desastrosa. América continuó dando toque a toque para explotar los espacios de unas Chivas que por momentos dejaron de correr, no mostraban la misma intensidad que los cremas para buscar recuperar el balón y tampoco idea alguna de cómo encontrar el camino a la remontada.

Una vez más, la zaga local se mostró contemplativa ante el toque azulcrema, que encontró el 0-3 por conducto de Sebastián Córdova luego de una combinación donde el balón rebotó sobre Gudiño para que el 17 del América librara al arquero y definiera con parte externa y caminando. Cabe decir que bien pudo empujar el balón con la cabeza para hacerlo más humillante.

Se acabó la resistencia. Aunque Guadalajara tuvo otro arribo por izquierda, quedó de manifiesto que los cremas estaban en otro nivel, a otra velocidad y con otra intensidad. No había rival, el clásico ya había terminado y Chivas parecía no estar ni enterado.

Los rostros de jugadores y cuerpo técnico mostraban lo que había sido el juego. Miradas extraviadas y clavadas hacia el césped, desesperación y frustración por lo que acontecía en la cancha y nulas respuestas o soluciones.

Con todo y el 0-3, no sólo desaparecieron las ideas, sino también el orgullo, el amor propio y el esfuerzo, eso que el aficionado es lo mínimo que pide, eso que no es negociable en esta clase de partidos y que América mostró de sobra con actitud y un futbol efectivo. El Rebaño luce tan extraviado como su pastor, tan extraviado como el orgullo que hoy se presume en Coapa y luce tan pisoteado en Verde Valle.

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